La resignación es un estado de ánimo que te paraliza, en donde juzgas permanentemente que nada de lo que hagas va a cambiar la realidad. Afecta profundamente tu autoestima y dignidad de ser humano y no te permite avanzar y progresar. La mayoría de las personas que viven en la resignación tienen la tendencia de observar las situaciones “negativas” de su vida como inmutables, con nulas posibilidades de cambiar y no tienen la capacidad de visualizar el futuro como un espacio de posibilidades que les permita emprender acciones que tengan el poder transformador sobre el presente. Suelen no ser conscientes de habitar en la resignación y se escudan muchas veces expresando frases como estas:
“yo soy así, no creo que pueda cambiar”,
“nunca seré una persona alegre”,
“nunca tendré una casa”,
“siempre fui así, no creo poder cambiar a estas alturas”,
“dado quien soy, nunca podré entrar a la universidad”,
“haga lo que haga, siempre será lo mismo”,
“desde niño fui así”.
En la resignación, las acciones son totalmente inútiles. Ahora bien, ¿qué hacemos? ¿Nos quedamos en la resignación? De ningún modo. Estamos convencidos de que todos los seres humanos tienen el derecho y el deber para con ellos mismos de salir del estado de ánimo de la resignación y de poder comenzar a observar lo imposible como posible. Es más, estás en la capacidad no sólo de intervenir el estado de ánimo de la resignación, sino cualquier otro que no te permita vivir a plenitud y en condiciones de satisfacción. Por tanto, se hace necesario y prioritario comenzar a diseñar todas las acciones posibles que sean capaces de modificarlos.
Por dónde comenzar
Desafíate. No puedes seguir observando el mundo de la misma manera como lo has hecho hasta ahora. Realmente no sabemos cómo son las cosas, sólo sabemos cómo las observamos o las interpretamos. Es decir, si cambia el tipo de observador que eres, con seguridad, cambiarán las acciones y por consecuencia, los resultados.
Visualízate: ¿Dónde quieres estar? ¿Cómo quieres vivir? ¿Qué deseas para tu vida? Es reconectarte con tus sueños, con tus deseos, con tus expectativas ante la vida. Visualiza muy bien tu futuro y emociónate.
Confía en ti mismo:
Cuando tienes una enorme confianza en ti mismo, puedes expandir las posibilidades de ser capaz de conseguir lo que te propones. Ten confianza en tus decisiones, capacidades, habilidades y conocimientos. Recuerda con entusiasmo los éxitos que has tenido en el pasado. Vamos, si se puede.
No busques culpables:
Absolutamente nadie es responsable de la vida que tienes. Dejar de buscar culpables, por lo bueno y lo malo que te ocurre, es una gran responsabilidad para contigo mismo. Asume, con madurez y valentía, que tú eres el actor principal de tu propia vida, de tus acciones, resultados y logros.
Actúa, movilízate, la resignación nos esclaviza. No dejes de luchar, supérate a ti mismo y el mundo te estará eternamente agradecido.
Es definitivo: tenemos que comenzar a observar lo imposible como posible…
Alonso Figueroa
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